miércoles, 24 de noviembre de 2010

Frutas y verduras en estudio de iluminación

Plano detalle almendras


Plano general almendras en cerámica de greda


Detalle frutos cítricos


Plano general frutas tropicales


Detalle de verduras


Plano general verduras en mimbre


Joyas en estudio de iluminación

Anillo de oro sobre Aloe vera


Anillo de oro sobre terciopelo negro


Reloj Seiko sobre cactus


Reloj Seiko sobre terciopelo negro


Descripción de la imagen

Mi pelo es un nido mientras los pajarillos cantan canciones en mi oído


Fotografía análoga digitalizada
película Kodak ColorPlus 200 asas
cámara Praktica MTL 5B

Cuando nací mi mamá se asustó, ya que mi pelo no era solo pelusas en la cabeza, sino que también traía conmigo unas pequeñas ramas. Los doctores se espantaron, pero mi mamá me quiso igual y les dijo a estos señores ”pero si tan solo son unas ramas, y qué importa, si tiene sus dos manos, sus dos pies y sus 20 dedos”.

A medida que fui creciendo, las ramas y el pelo crecían conmigo, cuando me tenía que cortar el pelo, me tenía que cortar las ramas también, ya que en el tiempo de la primavera estás florecían y salían muchas flores, las cuales, me pesaban en la cabeza, por esta razón mi fecha favorita era el invierno, el invierno frío, café. Me gustaba tomar el té y salir a pasear por lugares inverosímiles, lo que más me gustaba era el viento y como este hacía mover mi pelo y mis ramas, mis queridas ramas que yo tanto quería.

A veces me pasaba que caminaba siempre a un mismo lugar, este era grande y solitario, me acostaba en el pasto y cerraba los ojos, mientras los pajarillos se aprovechaban de eso y en mis ramas formaban nidos, mientras los oía silbar en mi oído, me quedaba dormida, me despertaba cuando los silbidos desaparecían ya que eso significaba que la noche había llegado, a mi casa me devolvía caminando. En algunas oportunidades algunos vecinos, me miraban de forma extraña y cuchicheaban entre ellos, a mi ya no me importaba y seguía caminando, queriendo llegar luego a casa para tomar la once, abría la puerta, mi mamá tenía el agua hervida puesta en un termo en la mesa, el aceite caliente en una paila, se acercaba a mí y con su mano cogía un huevo de mis ramas y lo echaba en el aceite, mientras yo espero a mi mamá sentada en la mesa para comernos nuestro pan con huevo revuelto.

Relato extraído de la colección de cuentos autobiográficos de mi amiga, poeta y cineasta Alethia San Martín.